Educación: una bomba de tiempo

Por Carlos Pacheco

 

En setiembre de 2010 se publicó el primer volumen del libro “El hombre de marzo”, novela histórica, de Tomás de Mattos, que narra la vida de José Pedro Varela. Llevaba por subtítulo “La búsqueda” y abordaba la vida de Varela antes de asumir como Director de Instrucción Pública, cargo desde el que impulsaría la Ley de Educación Común y reformaría la enseñanza en el Uruguay. En marzo de 2013 se publicó la segunda parte.

Cuando se publicó el primer volumen lo leí con mucho interés y escribí un artículo para la revista Contraviento (noviembre de 2010).

Aquel artículo era muy extenso y hacía referencia a algunas realidades políticas de la época, pero tenía un conjunto de ideas que me parecieron que aún tenían vigencia. De forma resumida, las comparto a continuación.

 

Uruguay en la década de 1870

El Uruguay de la década de 1870, en trazos muy gruesos, era un país enfrentado, anárquico y con instituciones muy débiles. A nivel social, mostraba un alto nivel de analfabetismo, enormes brechas entre sectores de la población y discriminación por raza, sexo y religión.

En ese contexto, asumió como gobernador de facto el Cnel.
Lorenzo Latorre. El gobierno de
Latorre ha sido y sigue siendo 
difícil de analizar y sobre todo
 de juzgar. Fue sin duda una dictadura militar, que ejerció el
poder por la fuerza de las armas.
Pero al mismo tiempo fue un gobierno fundacional del estado
 y uno de los gobiernos más reformadores de la historia, que marcó un antes y un después en el Uruguay. Una de las reformas clave fue la de la educación. El responsable de esta reforma fue José Pedro Varela, demócrata alineado a los “principistas” que tomó la difícil decisión de reformar la educación bajo un régimen autoritario.

Varela contribuyó con dos procesos fundamentales que comenzaron a perfilarse a fines del siglo XIX: el inicio de un desarrollo capitalista nacional, lo que significó resolver un conjunto de problemas que en ese entonces eran comunes a muchos países que iniciaban procesos similares, y por otro lado crear las condiciones necesarias para la formación de ciudadanos con una cultura democrática y republicana.

Claves de la reforma vareliana

La reforma vareliana se conoce por sus lemas de “educación laica, gratuita y obligatoria”. Estos lemas son la punta del iceberg. Debajo de la superficie, la reforma se propuso lograr objetivos no tan idealistas y mucho más concretos, que respondían a las necesidades del Uruguay de fines del siglo XIX. Algunos de estos objetivos fueron los siguientes:

1. Transformar a una buena parte de la población en un nuevo tipo de trabajador y ciudadano. La revolución industrial dio lugar a una nueva organización del trabajo, que requería trabajadores capaces de interpretar instrucciones básicas, realizar operaciones aritméticas simples, cumplir con un horario y soportar el trabajo en espacios cerrados. La economía agrícola se sustentaba en trabajadores con poca instrucción, que trabajaban sin horario y que lo hacían al aire libre. A eso se sumaba una población no trabajadora, que vagaba por el campo. La escuela pública alfabetizó a los futuros trabajadores, los entrenó para cumplir con un horario y los acostumbró al trabajo en espacios cerrados.

2. Acortar la enorme disparidad entre los pobladores que habitaban el territorio nacional. Los índices de analfabetismo eran enormes. El acceso a la educación estaba limitado a las clases altas o a familias con fuertes vínculos con la iglesia. La reforma se planteó el objetivo de “emparejar” a todos los uruguayos, sin importar su situación económica. Levantó el nivel educativo de los de abajo y los ayudó a insertarse en el nuevo país y en la nueva economía.

3. Atenuar las desigualdades por sexo y raza. La mujer se encontraba marginada de todo, encerrada en el hogar, con escasas posibilidades de integrarse al nuevo país. Lo mismo ocurría con los indígenas y los negros. La reforma tuvo por objetivo brindar las mismas posibilidades de educación a todos los habitantes del país.

4. Pacificar el país. El Uruguay estaba fuertemente dividido, con diferencias muy profundas, conflictos armados continuos, y sumido en la parálisis. Un país que aspiraba a desarrollar su economía y a prosperar debía resolver esas diferencias utilizando mecanismos pacíficos. La escuela pública ayudó a los niños de uno y otro bando a crecer juntos aceptando sus diferencias.

La reforma educativa creo escuelas en todo el país, financiadas por el estado. Fueron laicas, gratuitas y obligatorias. Laicas, para asegurarse que el estado tendría el control de los contenidos educativos y no la Iglesia Católica, que dominaba la educación en esos tiempos. Gratuitas, para que los sectores más humildes tuvieran acceso a la educación. Y obligatorias, porque si no lo hacían así, buena parte de la población se autoexcluiría del proceso.

Uruguay en la década de 2010

Hoy, a casi 180 años de iniciada la reforma educativa, la realidad es muy diferente.

En una sociedad –como la de hoy- que fomenta la diversidad, que estimula la innovación y la creatividad, que demanda emprendedores y que tiene por objetivo insertarse productivamente en la sociedad de la información y el conocimiento, el sistema educativo tiene que ser muy diferente. Una educación cuyos fines casi exclusivos son formar niños “homogéneos” (uno de los fines más importantes de la reforma vareliana fue “emparejar”), y que funciona muy bien para aquellos niños que se destacan por su inteligencia lingüística y lógica matemática, hoy genera más problemas que los que soluciona.

No cabe duda que el sistema educativo debe seguir brindando formación en áreas lingüísticas y lógico matemáticas. Pero debe incorporar nuevos objetivos, que colaboren para que el Uruguay pueda integrarse en la sociedad del conocimiento.

Un primer objetivo es el de la flexibilidad. Todos los niños deben recibir un cuerpo de conocimiento básico pero otra parte de su formación debería ser opcional. Esta flexibilidad incluso podría ser horaria. Los niños tendrían la obligatoriedad de cumplir con un horario de formación básica, pero en la parte opcional podrían permanecer más o menos tiempo en la escuela según sus necesidades.

El concepto de flexibilidad es clave, porque la velocidad de los cambios en el Uruguay y en el mundo es enorme. El nuevo sistema educativo debe tener la capacidad de adaptarse a las nuevas realidades e incluso de cambiarse a sí mismo en los próximos años, sin que esto resulte traumático.

Otra manera de ser flexible es aplicar otros métodos de aprendizaje. Se sabe hoy, gracias al trabajo del psicólogo Howard Gardner, que hay ocho diferentes tipos de inteligencia y que el método de alumno sentado y quieto frente al maestro no funciona bien en quienes, por ejemplo, predominan la inteligencia musical, o de movimiento o interpersonal.

Un segundo objetivo es el de la diversidad. Las escuelas deberían permitir el conocimiento de diferentes realidades. Hoy en las escuelas y los liceos se vive una división entre grupos. Hay mucha diversidad de culturas (consecuencia de lo que ocurre en la sociedad), lo que es bueno, pero también hay mayor intolerancia al diferente y más enfrentamiento y violencia. La escuela debe ayudar a resolver, como lo hizo a finales de siglo XIX, estos conflictos y fomentar la diversidad y la pluralidad.

Un tercer objetivo es el de enseñar a los niños a pensar y a buscar información, más que a ser receptores de conocimientos transmitidos por sus docentes. La revolución de las tecnologías de la información permite hoy acceder a abundante información de manera sencilla. Antes el acceso a las fuentes de información y conocimiento era muy restringido (se encontraba almacenado en archivos y bibliotecas) y el maestro cumplía con el papel de transmitir casi toda la información y conocimientos a sus alumnos. En Internet hay abundancia de información y además en diferentes formatos: texto, video, audio, animación. El sistema educativo debe diseñarse de modo tal que los nuevos educadores concentren su tarea en enseñar a los niños a pensar con rigor y método y a procesar la abundante información de que disponen.

Una bomba de tiempo

La situación del sistema educativo es una bomba de tiempo, que si no se desactiva puede tener consecuencias muy negativas para el Uruguay en el mediano plazo. Hoy la escuela pública brinda una formación básica a los niños, pero poco más que eso. En lugar de ser un lugar de integración, es un lugar de enfrentamiento. En lugar de motivar a los niños los aplasta. En lugar de enseñarles a pensar y a aceptar la diversidad, los uniformiza. No es útil para el Uruguay del futuro y lo  peor es que es una muy mala versión del proyecto original de Varela. Ni siquiera hace bien lo que décadas atrás hacía muy bien. 

 

Imagen: José Pedro Varela (lamochila.com.uy)

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