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Guillermo El Chofer

No Mas Palidas - Guillermo el Chofer

Algunos ya conocen esta pequeña historia por nuestra página en Facebook, pero es tan buena que creemos que merece su propio lugar en el blog.

15 de octubre de 2010

Salgo del hotel en Bogotá rumbo al aeropuerto. La recepcionista del hotel me pide un coche. Siempre hay varios en la puerta del hotel. Es una compañía de remises. Cuando el conductor del primero en la fila me ve se baja rápido del automóvil y corre hacia mi. Me saluda muy atentamente y con su mejor sonrisa me dice: “permítame Dr.” y toma mi maleta. Me acompaña hasta el automóvil, pone la valija en el maletero del auto y llega antes que yo a la puerta delantera del acompañante para abrírmela… y me dice: “permítame Dr.”. Le agradezco. Espera hasta que me haya sentado y cierra la puerta. Corriendo, da la vuelta y entra rápido para sentarse en su asiento de conductor y me pregunta: “Dr. adonde vamos?”. Al aeropuerto, le respondo. “A que hora sale su vuelo? ”. A las 15:00. “Que bueno”, me dice, estaremos allí en menos de 30 minutos. “Mi nombre es Guillermo y estoy muy honrado en llevarle”. Me tiende la mano. Le retribuyo el gusto en conocerlo y le digo mi nombre.

De ahí en adelante soy Don Enrique. “Don Enrique, es la primera vez en Bogotá?”. No, le digo. He estado aquí muchas veces, pero hace tiempo que no vengo. “De trabajo o de paseo?”. De trabajo, contesto. “Ah!, que bueno!…es muy importante tener trabajo”. Guillermo es una de esas personas que te caen bien de primera. Es muy agradable y es lindo conversar con él. La conversación sigue muy animada. Me pregunta si me gusta Colombia, porque a él le encanta. Le comento que veo un cambio muy grande desde las últimas veces que vine. Me explica cómo se esta desarrollando el país. Hablamos de la inversión extranjera, de la educación, etc. Me explica de lo feliz que es él con su familia, con lo que tienen, que es poco, pero es suficiente. A cada cosa que le comento me cuenta una anécdota y le encuentra la parte buena. Hablamos de fútbol por los logros de Uruguay. Me dice que jugaron excelente porque fueron un gran equipo y que él y muchos de sus amigos, que disfrutan el deporte, eran hinchas de Uruguay por la forma correcta, limpia en que jugaron. Me pregunta si me gusta el deporte. “Por supuesto!”, le digo. Me cuenta que, como el deporte mas importante en Colombia es el ciclismo, durante los fines de semana algunas calles están cerradas al tránsito para los ciclistas. Que a él le encanta andar en bicicleta. Que muchas veces en la mañana, temprano, va a la montaña a hacer sus paseos. Que eso es ser feliz…la mañana fría, en la montaña, con los paisajes…

Guillermo es de esos tipos que encuentra lo bueno en las cosas. Porque casi todas las cosas tienen su parte buena. Su sonrisa le ilumina la cara permanentemente. Si no es un chiste sobre algo, es una frase que reconforta o que simplemente destaca el lado bueno de algo. Sinceramente me encanta seguir hablando con él.

De repente me doy cuenta que en el parabrisas, delante mío, hay un cartel de esos que usan los lisiados en sus autos para indicar que tienen alguna discapacidad física para poder estacionar en los lugares designados (el típico dibujo de una persona en silla de ruedas). Curioso, señalando al cartel, le pregunto: “Guillermo, qué es esto?”. “Ah!, es que me falta una pierna, ve Don Enrique?”. Y se levanta el pantalón de su pierna izquierda y me muestra su prótesis. “Manejo solo con la derecha, ve?”. Y me muestra cómo frena y acelera con el mismo pie. Creo que se da cuenta de mi cara de sorpresa…y se ríe!. “No tenga miedo! soy muy buen conductor!”…y sigue riendo.

Me explica que el hace todo. Que no tiene problema ninguno por la falta de su pierna. Que mucha gente no se da cuenta (como yo). Me contó todo lo que hace sin ningún problema, contento en la narración y orgulloso de sus logros. Lo escucho asombrado. Mi mente dispara un montón de pensamientos de admiración a este hombre lleno de alegría.

“Sabe que escribí un libro?” Le digo. “Ah si? Como se llama?”. Me pregunta. “Se llama No mas pálidas. Cuatro actitudes para el Éxito”. Le explico qué quiere decir No Más Pálidas. “Que bueno!, me encanta!!” Me dice, “dónde lo puedo comprar?”. Le explico que todavía no lo vendemos en Colombia. “Pero sabe una cosa?…ese libro lo podría haber escrito usted!” Se ríe y me reclama que lo quiere comprar de todas formas. Le digo que cuando este disponible le voy a avisar porque voy a seguir viniendo a Colombia.

El viaje al aeropuerto se fue rapidísimo. Llegamos y, conciente de la prótesis de Guillermo, trate de bajar mas rápido que él para sacar mi valija del maletero del auto. Pero no lo logré. El estaba allí antes que yo. Sacó la valija. Le agradecí, le di la mano diciéndole que había sido un honor conocerlo y que lo vería seguramente en algún otro momento en el hotel, donde siempre nos hospedamos. Me pidió especialmente que le avisara cuando el libro pudiera comprarse en Colombia porque a él le encanta leer.

Y dándome la mano, con cara medio seria, me dice: “Le voy a contar un secreto. Yo tengo una gran ventaja sobre todos, mire!” . Apoyado en su pierna sana, levanta la otra con una velocidad pasmosa poniéndola a la altura de su cara – ya con otro regalo de su sonrisa, casi convertida en carcajada – y me dice: “Yo me puedo atar los zapatos mucho más rápido que los demás!!!!” Baja su pierna, me saluda “hasta pronto Don Enrique!”, sale corriendo, se sube al auto y se va.

Hoy, 22 de enero de 2011, dejé un ejemplar de No Mas Pálidas de regalo para él en el hotel.

 

Enrique Baliño

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