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Hice el doble mortal hacia atrás y el hobby se convirtió en oficio

Por Fernanda Fontes

Algunos pasan por la vida, sin enterarse de que estuvieron en ella.

Otros aceptan hacerse cargo de su vida, se arriesgan, se animan, la viven, y se les premia.

Y para documentar lo antedicho, voy a escribir sobre el protagonista de una entrevista que leí en la revista “Nuestra Mirada” (Revista de la Red Social de Fotoperiodistas Iberoamericanos), nacido en San Carlos (Maldonado). 

Ricardo era un trabajador uruguayo con doble empleo.

Por la mañana, era un “privilegiado” empleado bancario del Banco República (Uruguay), donde entraba muy temprano, a las 5:45 de la mañana, y por la tarde completaba su jornada laboral yendo a trabajar a la Caja de la Industria Frigorífica del Interior en Pando. 
Vivía su rutina diaria de forma previsible. Cumplía religiosamente con sus 14 horas de trabajo, y cuando le quedaba tiempo y energía despuntaba el gusto, el placer, por la fotografía sintiéndose un fotógrafo aficionado.

Antes de amanecer, desayunaba, se vestía de bancario, corregía el nudo de la corbata, se peinaba prolijamente  y cargaba con su portafolio hasta su destino final. Cumplía con su horario, hacía bien su trabajo, tenía la  estabilidad económica asegurada. Todo rodaba de manera lubricada en su vida.

Sistemáticamente día tras día, repetía la misma “coreografía”.

Su trabajo le exigía ser organizado, disciplinado. Y lo era. Como todo el sistema estaba calculado, su trabajo tendría el resultado esperado.

Pero un día el destino quiso que se cruzara con un libro que cambió su vida, “Poemas de la oficina” de Mario Benedetti, y el leerlo lo iluminó y lo alentó a escuchar el llamado interior.

“Me vi pintado, me sentí tan identificado con lo que leí, que me pregunté ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Hacia dónde voy? ¿Quiero esto para el resto de mi vida?”.

Ya nada fue igual para él a partir de ese día. Porque a pesar de tener veinte y picos largos y buenos  trabajos, decidió buscar la plenitud para su vida y no quedarse en lo socialmente aceptado.

Para muchos dejar 10 años de trabajo administrativo de bancario, muy bien remunerado, era una locura. Para él, seguir haciendo el doble trabajo, eso ¡¡SI!! sería una locura.

Tomó la decisión de dejar lo seguro y seguir tras lo que le decía su corazón, como la luz de un faro a seguir. Así que “hice un doble mortal hacia atrás y mi hobby pasó a ser mi profesión”, dijo.

Y así fue como se convirtió en trabajo lo que hasta ese momento era su hobby.

Hoy Ricardo “Chango” Figueredo es fotógrafo profesional, hombre pleno, hombre realizado: hoy es un hombre feliz.

Amanece a la hora que él quiere o que la foto que se necesite captar lo requiera, desayuna lo de siempre, solo que ahora se pone unos jeans y su chaleco con múltiples bolsillos. Pasa sus dedos por entre el cabello, acomoda su gorrita con visera y lo mejor de todo: nunca sabe a dónde lo llevará el trabajo diario.

No sabe si lo sorprenderá el amanecer fotografiando desde un helicóptero, si tendrá tiempo de parar en alguna callecita para almorzar, si tomará el café de su termo contemplando el atardecer desde las sierras o si cenará cuando lo alcance la luna y las estrellas en una playa durante una fiesta de la farándula puntaesteña.

Después de 30 años como fotoperiodista especializado en la fotografía náutica y aérea, lleva “gatilladas” cientos de miles de fotos, por lo tanto, ha presenciado miles de historias, ha conocido cada rincón del Uruguay, y muchos lugares del mundo.

No solo trabaja en su país. Es colaborador de agencias internacionales Reuters, AFP, DPA, EFE. Trabaja eventualmente en revistas como “Gatopardo”, “Don Juan”, “Hola”, es fotoperiodista efectivo para el diario “El País”, y colabora con el diario “La Nación” de Argentina.

Si te lo encontrás y le preguntás “¿Cómo estas?” te dice:

“¡¡¡Feliz!!! Porque dejé de alegrarme los viernes a la seis porque venía el fin de semana, y dejé de deprimirme los domingos a las 8pm porque después de la noche venia el lunes.”

“No sé qué día es hoy, pero ¡¡¡estoy feliz de haber elegido esta forma de vivir!!!”

Y yo me atrevo a agregar, porque lo puede aseverar, que cuando le llegó el momento no tuvo temor a lo que le depararía el futuro. Confiando en su instinto y en su intuición hizo una “sabia y congruente elección”.

 

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Imagen: Francisco “Chango” Figueredo fotografiando desde un helicóptero. 

 

 

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