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Lo que le dijo Toni a Rafael Nadal

Por Carlos Pacheco

Rafael Nadal, además de ser un excelente jugador de tenis, se destaca por su enorme potencia física y por su voluntad inquebrantable. Cuando se preparaba para el Open de Australia de 2009, lo que más le preocupaba era desplegar su juego en cancha dura, ya que es un especialista en polvo de ladrillo.

Para su alegría se acostumbró bien y llegó con comodidad a las semifinales. Su rival fue el también español Fernando Verdasco.

Ese partido no salió como él esperaba. “Luchamos por cada punto con uñas y dientes”, señaló en el libro “Rafa: mi historia”. El partido duró 5 horas y 15 minutos, el más largo en la historia del Open de Australia hasta ese momento y se jugó con altas temperaturas. “Hacía tanto calor en la pista que los dos corríamos en los descansos a ponernos bolsas de hielo en el cuello y en los hombros”. 

Sobre el final del partido Nadal sintió que había llegado a su límite de resistencia física y emocional. En el libro confesó que ese partido lo ganó porque Verdasco estaba más cansado que él y en el punto decisivo cometió una doble falta (erró el saque).

El resultado para el físico de Nadal fue devastador. Dos días después debía enfrentar nada más y nada menos que a Roger Federer. Era tan grave la situación que su fisioterapeuta, Rafael Maymó (Titín), se comunicó via Skype con Joan Forcades, preparador físico que conoce a Nadal desde los 9 años, y juntos diseñaron un plan de recuperación. Esa misma noche, cuando Nadal volvió al hotel después de atender a la prensa, Titín llenó la bañera con hielo y lo sentó por un rato, con el fin de reactivar el flujo sanguíneo. Luego le hizo masajes primero con una bolsa de hielo y luego con una pastilla de jabón. Nadal se durmió en la madrugada y se despertó por la tarde. Cuando puso los pies en el piso se sintió más agarrotado que la noche anterior. Hizo algo de bicicleta fija y luego fue a la cancha, pero no pudo jugar más que 20 minutos. No se podía mover. Le venían mareos, sentía las piernas de plomo. Al día siguiente (el día de la final) su cuerpo apenas le respondía. A las cinco y media fue a la cancha a hacer el último movimiento previo al partido que se jugaría dos horas después. “Volví a estar mareado, volví a notar los músculos de las piernas pesados y duros, tanto que sufrí unos calambres en la pantorrilla”.

En ese último entrenamiento se encontraba Toni Nadal, su tío, y su entrenador de toda la vida. Rafael intentó jugar pero no logró encontrar el ritmo y le dijo: “No puedo seguir”.

Toni se dio cuenta que Rafael estaba quebrado físicamente y eso lo estaba afectando en lo emocional y que en su cabeza ya había perdido el partido. Aceptó no continuar con el entrenamiento y se acercó a hablar con él. 

“Mira –le dijo Toni-, ahora son las cinco y media y cuando salgas a la pista, a las siete y media, te aseguro que no te sentirás mejor. Es posible incluso que te sientas peor. De modo que depende de ti sobreponerte al dolor y al cansancio y armarte del valor que necesitas para ganar”.

“Toni –contestó Rafael-, lo siento pero no puedo. Sólo eso, que no puedo”.

“No digas que no puedes – replicó Toni-, porque cualquiera que cave con profundidad suficiente acaba por encontrar la motivación que necesita para hacer lo que sea. En la guerra se hacen cosas que parecen imposibles. Imagínate que en el estadio hay un tipo sentado detrás de ti, apuntándote con una pistola y diciéndote que, si no corres sin parar, apretará el gatillo. Me juego lo que sea a que echas a correr. ¡Así que muévete! Encontrar la motivación para ganar es decisión tuya. Es tu gran oportunidad. Por muy mal que te sientas ahora, es probable que nunca vuelvas a tener una oportunidad de ganar el Open de Australia como la que tienes hoy. Aun en el caso de que no tengas más que el uno por ciento de probabilidades de ganar este partido, aprovéchalo, exprime hasta la última gota ese uno por ciento”.

Toni lo vio vacilar y siguió presionándolo:

“Recuerda esa frase de Barack Obama ‘Yes, we can!’ Pues cada vez que cambies de lado repítelo, porque ¿sabes qué? La verdad es que sí puedes. Lo que no puedes es permitirte un fracaso porque te falle la voluntad. Si pierdes, que sea porque tu rival juega mejor, pero no porque no sepas rendir al máximo. Sería un crimen. Aunque no harás eso, lo sé. Siempre has dado lo mejor de ti y hoy no va a ser una excepción. ¡Puedes, Rafael! ¡Puedes de verdad”.

Horas después Nadal le ganó a Federer en cinco sets por 7-5, 3-6, 7-6, 3-6, 6-2 y se consagró campeón del Open de Australia de 2009.

 

“Rafa, mi historia”, de Rafael Nadal con John Carlin. Ediciones Urano, octubre de 2011, 352 págs.

 

Foto: Rafael Nadal entrenando con su tío Toni (Creative Commons).

 

 

 

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