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Los optimistas y los ataques al corazón

“En la década de 1980, un grupo de 120 hombres residentes en la ciudad de San Francisco que sufrieron su primer infarto, fueron incluidos en la investigación Multiple Risk Factor Intervention Trial (MR FIT), como parte del grupo de control sin tratamiento”, escribió el psicólogo Martin Seligman, en la página 190 de “Flourish”, su último libro. MR FIT fue una investigación realizada en Estados Unidos entre más de 12.000 hombres de 35 a 57 años, cuyo objetivo fue probar diferentes tratamientos preventivos para las enfermedades coronarias.

“Este estudio desilusionó a muchos psicólogos y cardiólogos”, señaló Seligman,  “porque no encontró ninguna relación entre las enfermedades cardiovasculares y el cambio en el comportamiento de los hombres estudiados. No hubo variaciones cuando pasaban de un tipo A (agresivo, apurado y hostil) a un tipo B (despreocupado). Sin embargo, ese pequeño grupo de 120, que no recibió tratamiento, despertó un gran interés de Gregory Buchanan, uno de mis estudiantes en Penn, y luego a mí mismo. Lo interesante es que había mucha información sobre el primer ataque al corazón sufrido por estos hombres. Había datos sobre los factores más típicos relacionados con esta enfermedad, como la extensión del daño en el corazón, la presión sanguínea, el colesterol, la masa corporal y el estilo de vida de este grupo de hombres. Además, cada uno de estos hombres había sido entrevistado acerca de su vida, su familia, su trabajo y sus hobbies. Lo que nosotros hicimos fue analizar cada una de las cintas de video y codificar a los hombres según su nivel de optimismo o pesimismo, y guardamos esta codificación en un sobre cerrado”.

“Ocho años y medio después, la mitad de esos hombres habían muerto de un segundo ataque al corazón. Abrimos el sobre y nos preguntamos ¿Era posible predecir el segundo ataque? Ninguno de los factores tradicionales analizados pudo predecirlo: ni la presión sanguínea, ni el colesterol, ni tampoco la extensión del daño producido en el primer ataque. Sólo el factor optimismo fue capaz de predecir ocho años y medio después quiénes eran más propensos a sufrir un segundo ataque. De los 16 más pesimistas, 15 murieron. De los 16 más optimistas, sólo 5 murieron”.

Finalmente Seligman escribió: “Todos los estudios sobre optimismo y enfermedades cardiovasculares llegan a la conclusión de que el optimismo está fuertemente relacionado con la prevención de enfermedades cardíacas. El optimismo es más importante incluso que la corrección de los factores tradicionales de riesgo como obesidad, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, alto colesterol e hipertensión, depresión o estrés. Además, funciona según diferentes niveles de optimismo. Lo más importante es que tiene un efecto a dos puntas: las personas muy optimistas están más protegidas que las personas con un nivel de optimismo o pesimismo promedio. Y las personas muy pesimistas sufren mayor daño que el promedio”. 

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