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Seguí Corriendo

Seguí Corriendo | Ver Otras Historias

(Seudónimo: duende monik)

 

… y a la cuenta de tres comienza a correr, me dice el instructor de parapente. Y mirando al frente con el viento helado de la cordillera que golpea mis ojos por la ranura del casco, le grité… pero el camino se termina y termina el cerro. No importa seguí corriendo, me contesto.

Hacer parapente es una de las mas maravillosas vivencias que he tenido y me da todos los días el ánimo de seguir corriendo, a pesar que hay ocasiones que parece que el camino se termina, escucho el grito, seguí corriendo…

Esta sensación de adrenalina la sentí cuando me nombraron jefa de un Call Center de una prestigiosa empresa de Montevideo.

Era algo que deseaba, me sentía preparada y así y todo me daba miedo, de todas maneras seguí corriendo y empecé a volar.

Hablando de motivación y auto motivación, aquellos años resultaron ser difíciles para mi, pues el pasar de un puesto de compañera en el staff de Atención al Cliente a ser supervisora de mis compañeras y luego jefa, resulto un vuelo con viento en contra y con peligro de darme contra los cerros. De todas formas sabia que podía lograrlo, me capacite en recursos humanos, y luego hice un post grado de Call Center Management.

Y la vos resonaba, seguí corriendo, aunque lo hagas el aire…y de pronto un tirón tremendo tuve en  el arnés y nos elevamos más de 100 metros y luego entramos en un bucle de aire y subimos varios metros más. Confié en ese desconocido que me daba al mismo tiempo confianza.

Y me pregunto cuantas veces hacemos eso, se nos presenta un objetivo y pensamos que el camino se termina y que no hay salida, y con fuerza y confianza logramos elevarnos.

Hoy me encuentro en la posición de aquel instructor que conoce los cerros, los vientos, y debemos estar preparados porque  el clima es cambiante y hay que estar preparado, puedo planear plácidamente o toparme con una turbulencia que puede hacer peligrar mi viaje.

Eso me dio el libro no + pálidas, un aire de afirmación a pensamientos que en ocasiones se dispersan, hacer foco en lo que puedo resolver, dejar de quejarse, reconocer que aun puedo aprender y de hecho lo hago con mi equipo.

En el departamento somos alrededor de 80 personas, y en estos tiempos de innovación tecnológica, innovación de empresas, planteles de personal mayormente de la generación Y, exigencias de calidad y mejora continua, me he encontrado tantas y tantas veces empantanada en el lodo de la queja y la lastima o soberbia de subestimar a otros que no piensan en los problemas que tenemos y que nos perjudican. A quien no le ha pasado de decir o pensar, “Pero como no pensaron los gerentes o los de marketing que tal o cual cosa iba a pasar” y bla, bla, bla.

Ya estaba estresada, agobiada, agotada y todo lo que tiene terminación en ada, cuando sentí que la energía se me había acabado y decidí no ir mas contra el mundo de problemas y quejas que nos tapaban o sentía que me tapaban.

Me había visto el médico y me certifico tres días, tiene que descansar, distraerse me dijo.

Entonces acostada desganada, me conecte a mi laptop como siempre y comencé a leer algo que era un resumen del libro no + pálidas, también una compañera me lo había mencionado, venia días sin dormir bien. Esa noche después de haber leído la primera parte, me propuse dormir sin la pastillita que me habían recetado, yo sabía que era lo que me ahogaba.

No pude dormir, es mas a cada momento me venía una frase, una imagen de cambio en la sección, una nueva forma de hacer las reuniones, una nueva forma de replantear el equipo, una nueva manera de comunicarme con los chicos y que juntos empecemos a re crear el departamento.

Y comencé a escribir todos esos pensamientos y al igual que lo menciona Enrique, me puse a mí, basta de quejas, no te quejes mas y hace algo diferente.

Después de escribir eso dormí unas horas, al lunes reuní a mi equipo de coordinadores y supervisores y les dije que no me iba a quejar mas y que íbamos a replantearnos todos, escribí en mi pizarra “hay que mover el avispero, vamos a sacudirnos el polvo, las telarañas”.

Emprendí nuevamente el vuelo, y lo hice con todo mi personal, nos estamos reuniendo y replanteándonos como lo podemos hacer mejor, estamos armando grupos, por temas, haciendo análisis de nuestro propio trabajo, somos nuestros propios auditores, porque nos basamos en ser honestos con nosotros mismos para mejorar.

Es un viaje turbulento, pues los vientos están fuertes y por momento nos sacuden el esqueleto, están los osados que nos gustan las alturas y el vértigo y los que les da miedo la altura, y así y todo están con nosotros, ánimo y confianza.

Una clave que encontré en el libro fue la fortaleza interior que debemos sacar a flor de piel, saber decirnos basta, y preguntarnos y ahora qué? Y volver a preguntar y si cambio qué?

Estoy orgullosa de la calidad de personas con la que trabajo, las ganas de hacer, de mejorar, optar por la actitud de primero quitar la paja que tenemos en nuestro ojo para luego mencionar o sugerir como ayudaría a sacar la de otro compañero.

Me siento responsable del estancamiento y  responsable del movimiento actual en el interior del departamento, agradezco también que por otro lado tengo a un instructor nuevamente que me dice corre y es el numero uno de la empresa, él también está impulsando que levantemos vuelo y que busquemos nuevas corrientes de aire.

Porque siempre hay un nuevo viaje por recorrer, un nuevo parapente que probar, un nuevo cerro y un poco más alto por saltar. Hoy estoy en medio del proceso de nuevo cambio, y estamos en sintonía, pensando, creando, haciendo y reconociendo.

Moni, seguí corriendo aunque sea en el aire.

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