Stephen Hawking y su elección de no lamentarse

Stephen Hawking tiene hoy 71 años.

Es uno de los científicos más prestigiosos del mundo.

Ha hecho descubrimientos y aportes muy importantes en temas como la radiación de agujeros negros y las singularidades espaciotemporales.

A su inteligencia descomunal, se suma una admirable actitud de vida.

Hawking vivió su niñez y adolescencia sin problemas de salud hasta que a los 21 años se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, que produce la atrofia progresiva de las células nerviosas de los músculos voluntarios (no afecta a los involuntarios, como los órganos internos). Como consecuencia de esta enfermedad fue progresivamente perdiendo la capacidad para moverse y para hablar.

Empeora la enfermedad, no la voluntad

Poco después del diagnóstico de la enfermedad comenzó a usar bastón y luego muletas. Al pasar los 30 años se vio obligado a usar silla de ruedas y su habla era casi inentendible. Era “traducido” por familiares o colaboradores cercanos cuando debía hablar con otras personas. También fue perdiendo motricidad en sus manos. Su último texto escrito fue a los 37 años, cuando con mucha lentitud firmó para asumir como profesor lucasiano de matemáticas en la Universidad de Cambridge .

En 1985, con 43 años, casado y con tres hijos, sufrió una grave pulmonía. Para salvarle la vida fue necesario practicarle una traqueotomía, que lo dejó completamente sin habla y le impidió respirar por las vías naturales y comer por la boca. Desde hace casi 30 años, respira por un tubo ubicado en su garganta y se alimenta por sonda.

El famoso Equalizer de Stephen Hawking

Desde 1985 hasta hoy se comunica con el exterior usando un software, Equalizer, que le permite seleccionar palabras en una pantalla, y luego convertir las frases en sonido por medio de un ecualizador. En la primera versión, Hawking manejaba el software accionando un interruptor con la mano. Lograba producir 10 palabras por minuto cuando el habla promedio es de 100 palabras minutos o más.

Cuando tenía 49 años un auto atropelló su silla de ruedas, se quebró un brazo y le suturaron la cabeza. Poco antes de su cumpleaños No. 60 chocó con su silla contra una pared y se quebró una cadera.

A los 61 años perdió la fuerza en las manos y ya no pudo usar el interruptor del software. Fue sustituido por un sistema de rayo infrarrojo de baja potencia, colocado en sus lentes y que durante unos años lo manejó con parpadeos y últimamente con movimientos de la mejilla.

A los 63 años sufrió una nueva neumonía y por unos instantes la respiración asistida que recibía dejó de funcionar, tuvo un paro cardíaco y fue resucitado.

“Stephen Hawking, su vida y su obra”

Con tantas enfermedades, accidentes, operaciones, uno podría pensar que Hawking vivió su vida de forma prudente y sensata. Sin embargo, cuando uno lee el libro “Stephen Hawking, su vida y su obra”, de Kitty Ferguson, se sorprende con su energía y determinación. En la página 173 del libro, Ferguson narra un episodio de 1988, que ilustra la forma de ser Hawking. “Normalmente una visita de Hawking dejaba exhaustos a sus anfitriones, como ocurrió en el Rockefeller Institute de Nueva York. Tras una larga jornada de conferencias y apariciones en público se celebró un banquete en honor a Hawking. A él le encantaban este tipo de acontecimientos y montó el número de oler el vino y comentarlo. Una vez terminada la cena y los discursos, el grupo se trasladó a la orilla del río East. Todo el mundo estaba muerto de miedo por si Hawking se caía rodando al río. Para gran alivio de todos no fue así, y pronto lo devolvieron sano y salvo a su hotel. En un salón que daba al vestíbulo estaban bailando, y Hawking insistió en no retirarse aún y colarse a la fiesta. Incapaces de persuadir a su testarudo homenajeado, el pequeño grupo de distinguidos eruditos accedió a pesar de sus reticencias ‘aunque nunca hacemos esas cosas’. En la pista de baile, Hawking daba vueltas con su silla de ruedas con un compañero tras otro. El grupo siguió tocando para él hasta altas horas de la madrugada, mucho después de que terminara la fiesta oficial”.

Unas páginas antes Ferguson explicó la actitud de Hawking con un frase dicha por él en un artículo en la revista Nature: “Elijo no pensar en mi estado ni lamentarme por las cosas que me impide hacer, que no son tantas”.

 

Foto: Stephen Hawking, a sus 65 años, experimentando la “gravedad cero”

(26/4/2007, foto de la NASA).

Physicist_Stephen_Hawking_in_Zero_Gravity_NASA

 

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Join the discussion 2 Comments

  • Crist lop dice:

    Hawking ya esta en los anales de la historia como un genio a nivel de los mas grandes, como Einstein, Newton, Galilei etc, pero mas que eso es un ejemplo de vida , no hay nadie tan inteligente en estos tiempos y tanto asi que vive solo para demostrar que el ser pensante es el unico que vale en verdad, primero pienso luego existo, o como djera Napoleon, un hombre se mide de la cabeza para arriba no de los pies a la cabeza.

  • Gerardo dice:

    La frase correcta es: un hombre se mide de la cabeza al cielo.. no de la cabeza al suelo.. mi estimado estudioso

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