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Un poco de frustración … no viene mal

Por Fernanda Fontes

En el colegio que van mis hijos, cuando un pre-escolar festeja su cumpleaños, se acostumbra a que el protagonista se pare en el pizarrón y que cada compañero pase a entregarle el regalo y adivinan entre todos qué es.

El pasado año sucedió algo diferente a la hora de entregar los regalos. La maestra dejó para lo último una gran bolsa que entre 6 compañeros le entregaron a mi hijo Gastón. El regalo era un muy buen par de championes (zapatos deportivos) y una muy buena pelota de fútbol, y aclaro que acá lo importante no es la marca, sino la idea… el gesto. Gastón tenía 13 compañeros en la mañana y otros 19 en la tarde.

Yo me sentí gratamente sorprendida por lo original de la idea y me fui a casa pensando en eso.

Llegué y me senté a hacer el cálculo de lo que gastaba al año en regalos entre mis dos hijos. Gastón tiene 32 compañeros y Guillermina 24. O sea debo comprar al año 56 regalos que, a un promedio de $250 o $300 (USD 10-12), suma la módica cifra de $16.800 (USD650-700), lo que equivale a la reinscripción para este año.

Así que les escribí una carta a los padres, primero para agradecer todos los regalos, segundo para destacar la idea de ese grupo de padres y tercero para proponerles implementarlo oficialmente para este año.

Es que a mí como madre me revela ver niños (por suerte no es el caso de Gastón) que no demuestran la más mínima emoción al abrir los regalos y se automatizan abriéndolos, dejándolos a un costado y pidiendo el siguiente, sin mostrar un mínimo de felicidad, sorpresa o desilusión en el caso de tenerlo repetido. Nada, cero emoción.

Entonces propuse que para este 2015 hagamos eso: reunir entre todos el dinero, que sería a razón de $150 por alumno (la mitad de lo que gastaba) y le consultáramos a la mamá del niño ¿qué necesita?, ¿campera, jogging, zapatos, championes? etc. y, por supuesto juguetes, con la plata recaudada.

La consigna es comprar cosas que sean útiles, que el niño necesite y que perduren. Porque hay que ser realista: los juguetes que se compran por $250 son de una calidad que no dura mucho.

De esta manera lograríamos varias cosas:

– Hacemos regalos útiles, perdurables.

– No los atiborramos de regalos que durarán un suspiro.

– Ayudamos que el niño no pierda la capacidad de asombro.

– Permitimos que el niño desee un juguete, que anhele algo.

– Y en el caso de no recibir lo deseado, que experimente la “sana frustración” de entender que no siempre podrá obtener todo en la vida, y eso lo estimulará.

Realmente llegar a casa y ordenar los 32 regalos que recibió Gastón me preocupó mucho, porque no quiero criar a mis hijos de forma equivocada. Y muchas veces los mayores somos los que “corrompemos” a nuestros niños, comprándoles demasiadas cosas, adelantándonos a la edad para recibir ciertos regalo (celulares, tablets, etc). Así que la reflexión debe partir desde nosotros y ponernos de acuerdo qué clase de hijos queremos criar.

Para mi felicidad y tranquilidad este grupo de jóvenes padres adhirió de inmediato a la propuesta. Así que en este 2015 algo va a cambiar y espero que no sea para mal.

Tengo la intuición, la certeza, de que nuestros chicos en algún momento nos lo agradecerán. 

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  1. Cuando era niño mis tías y las madres de mis compañeros de clase practicaban este sistema. Así, recibía en cada cumpleaños piyamas, medias, camisetas, calzado deportivo, etc. casi nunca un juguete. Esta situación no me hacía mucha gracia y la recuerdo cada vez que compro un regalo para un niño. …

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