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Para el otro lado

Hace muchos, muchos años, cuando era muy joven, iba caminando por la Avenida 18 de Julio de la ciudad de Montevideo y noté que el monumento que se encuentra en el centro de la Avenida, la Estatua de la Libertad, en la Plaza Cagancha, estaba muy deteriorada. No solo era el deterioro del paso de los años. Su base, estaba toda pintada con extraños signos y palabrotas. Un par de meses después, haciendo el mismo recorrido que hacía habitualmente para llegar a la casa de un amigo con quien estudiaba, me doy cuenta de que la estatua estaba impecable, limpia, su base ya no tenía los grafitis y estaba pintada impecablemente de blanco. Hasta le habían instalado una bonita reja relativamente alta a su alrededor, que le daba un marco de protección, pero que además embellecía el lugar. Me pareció un excelente trabajo la recuperación y el destaque que habían conseguido con el arreglo. 

Una semana después, pasando por el mismo lugar, veo que, nuevamente la base estaba toda grafiteada con insultos y signos pintados con aerosol. Mi primera reacción fue de indignación. ¡Duró solamente 1 semana! ¡Cómo puede ser! Mascullando mis pensamientos seguí mi camino, y en un momento me puse a reflexionar en forma más calma sobre el hecho. Pensé en todo el trabajo y la energía desplegada para lograr ese resultado de destrucción.

Para hacer eso alguien debe haber: 

  1. Dedicado tiempo a definir la idea: su sueño, el logro, la meta.
  2. Dedicado tiempo a desarrollar el plan: identificar todas las acciones/actividades para lograr la meta. Qué hacer, cuándo hacerlo, planear en forma detallada: comprar el aerosol, trepar la reja, pintar, volver a saltar la reja, identificar el momento oportuno, la hora para hacer eso de manera que nadie lo pudiera frenar, etc.
  3. Dedicado tiempo a conseguir los recursos: dinero para comprar el aerosol, quizás alguna herramienta para facilitar la trepada de la reja, etc. 
  4. Asumir todos los riesgos que este proyecto tendría: posible detención o condena pública, etc.
  5. Seguramente, si lograba su cometido, la enorme satisfacción que produce el logro, que es el primer motivador del ser humano.

Reflexionar sobre todo esto me ayudó a entender que esta persona era un gran emprendedor (potencialmente un gran empresario o quizás un gran líder), viendo todas las cosas involucradas en este exitoso proyecto, no puede haber otra conclusión.

 Pero lamentablemente, lo que está mal en este proyecto es la dirección de la energía. Siempre pienso en las personas que quieren destruir. Qué increíbles serían las organizaciones, los inventos, las sociedades si dedicaran esa misma cantidad de energía, pero para para el otro lado.

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