Por: Carlos Pacheco | Sigue a Carlos en:

 

 

“El tiempo siempre desgasta. Me he vaciado y necesito llenarme”, dijo Pep Guardiola, cuando anunció su renuncia como director técnico del equipo de Barcelona.

Guardiola fue designado en julio de 2008 y en los cuatro años de su liderazgo se convirtió en el entrenador más exitoso de la historia del club. Ganó 13 de los 17 títulos que disputó. Ganó 3 veces consecutivas la Liga de España, dos veces la UEFA Champions League, dos veces el Mundial de Clubes (antes Copa Intercontinental). También ganó la Copa del Rey, la Supercopa de España, y la Supercopa de Europa. En el año 2009, consiguió ganar los 6 títulos en los que Barcelona compitió, algo que hasta la fecha no logró ningún entrenador.

La filosofía de juego que plasmó es la del fútbol total. Aprendió con el holandés  Johan Cruyff, que lo dirigió en la década de 1990, cuando Guardiola era jugador. Guardiola profundizó y mejoró la filosofía futbolística de Cruyff y construyó un equipo de jugadores multifuncionales, con gran capacidad técnica, despliegue y marca, y un juego dinámico, basado en el control del balón y la rotación permanente.

Cruyff había sido el líder de aquella selección de Holanda, dirigida por Rinus Michels, que sorprendió con su fútbol total en el Campeonato Mundial de Fútbol de Alemania, en 1974 y que repitió en Argentina, en 1978. En ambas ocasiones Holanda llegó a la final (y perdió). Volvió a una final 32 años después, en Sudáfrica 2010. Esta vez se enfrentó a España. La base de la selección española fue el equipo del Barcelona de Guardiola (aportó entre 6 y 7 titulares). El fútbol total esta vez sí salió campeón del mundo, pero paradójicamente no fue jugado por Holanda, sino por España, al influjo de los jugadores del Barcelona. Holanda, dirigida por Bert Van Warwijk, perdió una vez más una final del mundo. Según Johan Cruyff, jugó un fútbol “feo, ramplón, duro y poco futbolístico”.

La renuncia de Guardiola y sus palabras encierran muchas lecciones. Nos detendremos en dos.

Cuando un equipo de fútbol (y también en otros deportes, y también en otras actividades), tiene una racha ganadora muy larga, ocurren a menudo dos cosas: desmotivación o soberbia (y a veces las dos juntas), lo que en ambos casos pone en riesgo la continuidad del proyecto. Si un equipo no tiene grandes objetivos por los que luchar, caerá en un pozo. Si se la cree y se siente invencible, dejará de hacer lo que antes lo convertía en diferente, y comenzará a perder. Muchas veces, al ver al Barcelona jugar de manera tan maravillosa, jugar como el primer día, con pasión, con entrega, con precisión, uno se preguntaba, ¿Cómo hace Guardiola para mantenerse motivado? ¿Cómo hace para transmitir entusiasmo a los jugadores? Cómo hace para convencerlos de luchar con pasión para lograr… lo que ya han logrado varias veces.

Guardiola lo hizo con convicción por mucho tiempo, hasta que sintió que le había llegado el momento. Y fue ahí, cuando dijo lo del comienzo: no puedo seguir porque estoy desgastado y vacío. Expresó que no se sentía en buenas condiciones para liderar al equipo y le dejo el lugar a otro. Para Guardiola el éxito no es un destino, es un viaje. Logró todos los objetivos que en cierto momento de su vida se planteó, pero no se quedó allí a contemplar lo genial que era y a recibir aplausos, medallas, y palmadas en el hombro. Decidió iniciar una nueva etapa: “Me he vaciado y necesito llenarme”, dijo.

La segunda lección se puede leer en la reacción de los jugadores el día de su renuncia. Acordaron que fueran sólo los cuatro capitanes (Puyol, Xavi, Iniesta y Valdés), porque entendieron que el gran protagonista era Guardiola y una concurrencia masiva podía distorsionar el anuncio. Igualmente se hicieron presentes otros jugadores, como Piqué, Cesc, Busquets y Pedro. No estuvo presente Lionel Messi, la estrella del Barcelona. No fue porqué así se había acordado, pero además declaró que “Debido a esta emotividad que siento, preferí no estar presente en la rueda de prensa de Pep, prefiero estar lejos de la prensa, sobre todo porque sé que ellos buscarán los rostros de pena de los jugadores y esto es algo que he decidido no demostrar”. Sobre Guardiola expresó agradecimiento de “todo corazón” por todo lo que le dio en su carrera profesional y personal.

Uno de los objetivos más importantes que se debe plantear un líder es que su presencia sea considerada positiva por sus seguidores. Eso lo logra obteniendo los resultados deseados como equipo, pero además  ayudando a crecer y a desarrollarse a cada uno como individuo.

Guardiola, a sus 41 años, lo obtuvo todo. En los cuatro años como entrenador del Barcelona, ganó el 72% de los partidos y sólo perdió un 8%. El promedio de goles a favor por partido fue de 2,55. Ganó todos los campeonatos que un entrenador sueña ganar. Además logró la admiración y el agradecimiento de los jugadores.

En la cima del éxito, decidió dar un paso al costado y comenzar de nuevo.

 

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