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El Cadete de Dios

El Cadete de Dios | Ver Otras Historias

(Seudónimo: reinerzuole)

 

            Dicen por allí, que no hace mucho, renovó su oficina Dios… Como era de esperarse, a buena parte del personal cambió.

Pensó: “Deberíamos incorporar sangre fresca”. Un talento raro le llamó la atención. Uno de esos que salen cada medio siglo, los atípicos, de imposible clasificación.

Y arrancó como cadete nomás. Tooooodo el santo día arriba de la bici, repartiendo actos heroicos y sobres pesados. Pedaleó y pedaleó. Entonces claro, su Patrón decidió premiar dicho esfuerzo, ascendiéndolo en el escalafón. No solo eso, mandó a que le preparen propio despacho y sillón.

Y cuando ya el mérito del cadete se puso obvio, un buen día Dios le dijo, con tono paternal y cariñoso, aunque camuflado en rigor: “Cuando yo esté cansado, podrido o de vacaciones… mi trabajo lo vas a hacer vos.”

¡Imagínenselo a este huevón! Seguramente queriéndole contar a los suyos de pavada de notición… Menos mal que lo detuvo la auto discreción…

Con el tiempo y las canas, fue afianzándose en esta nueva función, salvando a unos cuantos, escarbando mierda donde la había a montones, poniendo una idea ante un negro telón.

A veces sus compañeros de oficina lo cargan: “No te agrandés, che cabrón…” Él podrá hacerse el sota, aunque disfruta, y en buena hora, del respeto que se ganó.

No me extrañaría que salga en la Biblia si algún día sale a la venta alguna que otra actualización.

En definitiva, allí lo tenemos a este laburante incansable, haciendo horas extras, luchando a consejo y espada por la liberación.

De tanto en tanto va al Paraíso, para ver cómo está todo, y vuelve. El aprecia mucho este lugar, como todo hijo de buen vecino que lo ha visitado, naturalmente; pero él todavía más.

Su paso por nuestro lado jamás puede ser olvidado, ni lo será, aunque bien podría su Jefe expedirle cédula de Inmortalidad.

Pues bien, a no desesperar el día en que lo jubilen. Ello traerá consigo un nuevo re aprendizaje y para todos una nueva misión: la de subrayar su currículum, honrando, gestando su abnegación.

Todos podríamos si quisiéramos, sin llegar a su grado de brillantez, todos los días o a veces, ser un poquito como el Cadete de Dios…

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